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  • Irán presenta su acuerdo con Estados Unidos como una victoria, pero enfrenta críticas internas y un camino lleno de incertidumbre

    Mientras la cúpula del régimen iraní celebra el memorando de entendimiento con Washington como resultado de su resistencia, sectores de línea dura dentro del propio sistema lo califican como una capitulación. Para millones de iraníes, la pregunta no es quién ganó, sino si bajarán los precios y cesará la amenaza de una nueva guerra.

    Irán presenta su acuerdo con Estados Unidos como una victoria, pero enfrenta críticas internas y un camino lleno de incertidumbre
    Los dirigentes de Irán intentan presentar el memorando de entendimiento que se está gestando con Estados Unidos no como una retirada, sino como el resultado de su resistencia militar y diplomática. Sin embargo, el argumento no es fácil de sostener: el país acaba de atravesar una guerra devastadora, su economía está asfixiada por las sanciones y sectores dentro de su propio sistema político denuncian que cualquier acuerdo con Washington equivale a una rendición. Las negociaciones formales están previstas para comenzar este viernes en Suiza, con los temas más complejos aún por resolver.

    La narrativa oficial: "Un gran paso hacia la victoria final"

    Altos funcionarios iraníes han cerrado filas para presentar el pacto como un logro. Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento y figura clave en las negociaciones, afirmó que Irán ha dado "un gran paso hacia la victoria final". El presidente Masoud Pezeshkian calificó el entendimiento como potencialmente transformador y señaló que, de aplicarse plenamente, podría resolver muchos de los problemas del país.

    El respaldo de Qalibaf resulta especialmente significativo porque no pertenece al sector moderado de Pezeshkian, lo que sugiere que el acuerdo cuenta con el aval de esferas más poderosas del Estado, incluido el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

    El argumento central de Teherán es que ni Estados Unidos ni Israel lograron sus principales objetivos: no obligaron a Irán a rendirse, no derrocaron a la República Islámica, no destruyeron militarmente su programa nuclear ni rompieron los vínculos con Hezbolá. Irán sigue en la mesa de negociaciones con Líbano incluido en el marco del acuerdo y con perspectivas de alivio de sanciones.

    Las críticas desde dentro del sistema

    Sin embargo, la narrativa oficial no convence a todos. Un diputado de línea dura, vicepresidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento, describió el borrador del acuerdo como un documento que convertiría a Irán en "una colonia estadounidense" y acusó a los negociadores de ignorar la directriz del líder supremo de no reabrir el estrecho de Ormuz a la navegación.

    Durante meses, voces radicales en el Parlamento, medios afines al Estado y concentraciones progubernamentales han sostenido que no se puede confiar en Washington, señalando que la diplomacia seguía en curso poco antes de que comenzara la guerra y que la administración Trump la utilizó como cobertura mientras preparaba la acción militar.

    No obstante, algunas de estas voces parecen haberse moderado, lo que podría indicar que la decisión de avanzar con el acuerdo fue autorizada desde las más altas esferas del poder iraní.

    La economía, el verdadero motor del acuerdo

    Más allá de los discursos, la situación económica ha sido determinante para empujar a Teherán a negociar. La guerra, las sanciones, las restricciones al transporte marítimo, el acceso limitado a los mercados petroleros y una inflación muy elevada han asfixiado tanto al Estado como a los ciudadanos de a pie.

    El vicepresidente de EE.UU., JD Vance, afirmó que Irán no recibiría dinero de los contribuyentes estadounidenses, pero que podría acceder a miles de millones de dólares si cumple sus compromisos y se alivian las sanciones. Esto permite a Teherán presentar el acuerdo como una vía hacia la inversión y la reconstrucción.

    Lo que falta por negociar

    Aún no se han publicado todos los detalles del memorando. En las negociaciones que comenzarán en Suiza quedan por resolver las cuestiones más complejas: el futuro del uranio enriquecido de Irán, el nivel de enriquecimiento permitido, los mecanismos de verificación, el cronograma de alivio de sanciones y la situación en el estrecho de Ormuz y Líbano.

    El factor Israel añade otra capa de incertidumbre. El primer ministro Benjamin Netanyahu rechazó las informaciones sobre una retirada israelí del sur del Líbano, asegurando que sus fuerzas permanecerán allí. Por su parte, Donald Trump criticó públicamente la actuación de Israel en Líbano, señalando que ha muerto demasiada gente, aunque insistió en que su relación con Netanyahu sigue siendo excelente.

    Para Teherán, esta tensión visible entre Washington e Israel resulta útil como argumento de que la presión iraní ha limitado la libertad de acción israelí. Pero también hace que el acuerdo sea frágil: si Israel continúa operaciones en Líbano, Irán se verá presionado a responder.

    El acuerdo entre Irán y Estados Unidos tiene implicaciones directas para la economía global y, en particular, para países como el Perú. El conflicto en Medio Oriente y las tensiones en el estrecho de Ormuz -por donde transita aproximadamente un tercio del comercio mundial de petróleo- fueron la principal causa del alza de hasta 78% en los precios de los combustibles en el Perú durante los últimos meses.

    Un eventual alivio de las tensiones y la reapertura del estrecho a la navegación comercial normal podría contribuir a estabilizar los precios internacionales del crudo, lo que tendría un impacto positivo en los costos del combustible a nivel nacional. Sin embargo, los analistas advierten que la fragilidad del acuerdo y las variables pendientes -especialmente el rol de Israel- mantienen un escenario de incertidumbre que podría prolongar la volatilidad en los mercados energéticos.

    La opinión pública iraní refleja la división interna. Mientras algunos ciudadanos celebran el acuerdo como prueba de la fortaleza del régimen, otros lo reciben con escepticismo. Una de las reacciones más reveladoras fue la de un iraní que resumió así su expectativa: "Creo que es algo temporal, pero necesitábamos unos meses de respiro y calma."

    El acuerdo entre Irán y Estados Unidos abre una ventana de oportunidad para reducir las tensiones en Medio Oriente, pero su éxito está lejos de estar garantizado. Las negociaciones formales en Suiza apenas comienzan y los temas más difíciles aún están sobre la mesa. Para millones de iraníes, el verdadero indicador de éxito no serán los discursos de victoria, sino si cesa la guerra, se moderan los precios y llega el alivio prometido. Para el resto del mundo -incluido el Perú- la evolución de este proceso será determinante para la estabilidad de los precios del petróleo y la seguridad energética global.


    Fuente: BBC NEWS MUNDO / Redacción: RADIO TRUENO

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